La separación: 8 errores que no debes cometer

Pedro y Marcela se separaron hace 4 meses y ella se ha dado cuenta que muchas cosas con sus hijos han cambiado. Tomás, de 6 años, tuvo importantes dificultades en el colegio durante el segundo semestre, tanto de conducta como de relación con los compañeros. Además está muy insolente, le contesta de muy mala forma al papá y no quiere salir con él cuando los pasa a buscar los fines de semana. Por otra parte, la hija menor, Julieta de 4 años, se ha mostrado muy temerosa, llora cuando la mamá sale de la casa, ha comenzado a hacerse pipí de nuevo en la noche y en ocasiones se pone a hablar como guagua. Ella, preocupada, decidió acercarse a Cristina, una amiga quien había vivido hace un par de años el proceso de separación y actualmente ha podido superar la crisis y sus hijos (que tienen edades similares a las de los suyos) hoy en día están bien. Cuando se juntan a conversar, Cristina lo primero que le dice es que es normal que ella y los niños estén pasando por un período difícil, ya que la separación supone muchas pérdidas y requiere de un proceso de adaptación, producto de los múltiples cambios en las dinámicas familiares. Le cuenta que ella también atravesó por una crisis importante, pero que el tiempo ayuda y hay cosas que se pueden hacer para que el proceso sea más llevadero

1. Las discusiones

Cristina deja su café y lanza la primera pregunta: “¿Están discutiendo mucho al frente de los niños?” Marcela se da cuenta de que sí, que cada vez que Pedro va a la casa a buscar a los niños, ellos terminan peleando por distintos motivos: porque llegó tarde, porque no ha pagado la cuenta de luz, porque no le gusta que pase tanto tiempo con la suegra, ya que los malcría, etc. Todo encuentro se convierte en una pelea que los niños presencian. Cristina le dice que es necesario resguardar a los niños respecto a las discusiones y desavenencias que son parte de este proceso, ya que eso genera mucha ansiedad en los menores, lo que puede traducirse en diversos comportamientos como los que están teniendo Tomás y Julieta. También le dice que es normal pasar por un período de ajustes que conlleva tensión, pero si es demasiada, puede ser bueno buscar ayuda de un especialista en mediación familiar para ayudar a resolver los distintos temas de la mejor manera posible para que los hijos se vean menos afectados.

2. Las descalificaciones

Luego le pregunta si está hablando mal de Pedro o él de ella, descalificándose frente a los niños. Ella se queda pensando y al cabo de un rato le dice que sí. Que está tan enojada que sin darse cuenta, le comenta a los niños que su padre es tan desorganizado y tan irresponsable, porque todavía no le da la mensualidad, tan desubicado con sus comentarios… A su vez, Tomás le ha dicho que su papá siempre comenta que ella es una histérica. Cristina le dice que a pesar de que está en todo su derecho de estar enojada, que es muy normal y esperable, y que en muchas cosas tiene razón para estarlo, no debe expresarlo frente a los niñosEllos necesitan preservar la imagen de ambos padres, ya que ellos son sus modelos de identificación. Si uno de los padres habla mal del otro, se va produciendo una sensación de inseguridad en el menor y eso podría estar generando el enojo de Tomás con su padre, ya que lo ve como “el malo” de la película. Es fundamental mantener a los niños en un terreno neutral, sin exponerlos a escuchar relatos negativos sobre ninguno de sus progenitores, ya que ellos podrían llegar a sentir que tienen que tomar partido o incluso experimentar vivencias de culpa por estar o pasarlo bien con el otro. Ambos padres son igualmente importantes para el desarrollo del niño y no corresponde que deban “elegir” a uno por sobre el otro. Deben sentir la libertad de disfrutar con cada uno de ellos.

3. El miedo a las explicaciones

“¿Le han explicado con claridad lo que ha pasado y lo que significa la separación?”, le pregunta a continuación Cristina.

Marcela le contó que el día que el papá se fue de la casa ella habló con sus hijos y les dijo el papá no viviría en la casa por un tiempo, pero no les han dado mayor explicación. Ella no sabe qué decirles, qué tanta información entregarles ni qué palabras usar. Teme que al hablar del tema, sea más doloroso para los niños.

Cristina le comenta que los niños necesitan una explicación simple y concreta, pero real y sincera de lo que está pasando en su familia. Los padres se complican por no saber qué palabras o formas usar y creen que pueden generar más sufrimiento en los niños, sin embargo, para ellos es mucho más tranquilizador el poder contar con una explicación consistente de su realidad, que les permita entender y dar significado a lo que están viviendo. No tenerla abre paso a crear explicaciones fantasiosas las que pueden superar incluso a la realidad o, en el otro polo, puede llevarlos a aferrarse a ilusiones respecto a que el quiebre es solo pasajero, lo que no hace más que dilatar el sufrimiento y aumentar la desilusión. Le sugirió que el tipo de explicaciones que pueden dar a los niños deben ser tales como “La mamá y el papá los quieren muchísimo, siempre los seguirán queriendo y cuidando y ustedes podrán contar con los dos. Sin embargo, ya no pueden seguir viviendo juntos, porque han tenido problemas de grandes que no se pueden resolver, por lo que cada uno vivirá en una casa diferente. A pesar de que ellos no sigan juntos, ambos seguiremos siendo siempre sus papás”. 


4. La culpa

“¿Te has preguntado si es que los niños puedan sentirse culpables por algún motivo?”, inquiere Cristina. Marcela responde “Ahora que me acuerdo, unos días antes de que nos separáramos, llegó Julieta justo en medio de una pelea pidiendo que la ayudaran en su juego y el papá le dijo que se fuera en un tono agresivo. Ella se fue llorando y, después de un tiempo, le comentó a su abuela que el papá se había enojado con ella y por eso se fue de la casa.” Cristina le explica que los niños preescolares tienen un pensamiento egocéntrico, por lo que piensan que muchas de las cosas que ocurren a su alrededor tienen que ver con ellos mismos. Aun no logran comprender a cabalidad las relaciones de causalidad y además su pensamiento es mágico, por lo que pueden crear explicaciones respecto a la separación en las que se vean a sí mismos como causantes del quiebre, lo que puede generar mucha ansiedad y culpa en el pequeño. Por eso, es fundamental que puedan contar con una explicación clara y que deje establecido que los responsables son los adultos y que no busquen culpables. También es muy necesario que sientan que pueden hablar y conversar libre y abiertamente con sus padres respecto a la separación, de manera de que si este tipo de pensamientos pasan por sus cabezas, tengan la posibilidad de comentarlos y contrastarlos. Para ello es necesario mostrarse sereno y receptivo frente a los comentarios o preguntas de los niños y no complicado, evasivo ni angustiado, ya que esto último hará que dejen de preguntar y repriman sus sentimientos.

5. Los “mensajes”

Cristina le pregunta también si ocupan a sus hijos como mensajeros. Ella le dice que le manda recado al papá con el hijo mayor de que lo traiga temprano, que no se atrase con el cheque, que venga a llevarse las cosas que aún le quedan en la casa y él le manda recados de vuelta. Cristina le sugiere que no lo haga más, porque eso hace que el niño se sienta atrapado, que sienta que está en medio de ambos padres y que debe tomar partido por uno u otro. Los padres deben dejar a los niños fuera de los temas de adulto y ser capaces de establecer conductos y vías de comunicación apropiadas para resolver sus asuntos pendientes. Cristina le comenta que deben dejar claro a los niños que seguirán siendo una familia a pesar de que ellos como pareja ya no estén juntos. Le dice que es bueno hablar con cada uno de los niños respecto a que existen distintos tipos de familia: con ambos padres juntos, con padres separados, monoparentales, pero que todas son igualmente familias, valiosas y respetables. Que la separación de los papás no separa a la familia, sino que sólo cambia la dinámica familiar.

6. Las prioridades

Luego le pregunta si ellos son capaces de poner el bienestar de los niños por sobre sus propias diferencias y Marcela, pensativa, se da cuenta de que no siempre lo han logrado. Cuando fue el cumpleaños de Tomás, ella y Pedro se quedaron entrampados en la discusión de cómo, dónde y con quiénes celebrarlo y como no lograron un acuerdo, no se lo celebraron. A veces los conflictos entre ambos padres son traspasados a temas propios de los niños y el que sale perdiendo es este último. Es necesario establecer un acuerdo con el otro progenitor, de manera de que ambos tengan la altura de mira para poner el bienestar de los niños por sobre sus propios conflictos e intereses. 

7. La competencia

Cristina le sugiere a Marcela que no se dediquen a competir por quién le hace el regalo más grande ni lo lleva al paseo más entretenido, sino que todo lo que hagan que sea pensando en qué será lo mejor para Tomás y Julieta.  Entre los padres debe haber una actitud de cooperación y no de competencia. Esto pone al menor en una posición de mucho poder, pero a la larga lo hace sentirse desprotegido y utilizado. Es necesario que ambos logren establecer ciertos lineamentos, normas y pautas lo más comunes posibles para no alterar de sobremanera su rutina.

8. La distancia

Además, le dice que es muy importante que tanto Pedro como ella se preocupen especialmente de generar instancias y espacios para disfrutar junto a sus hijos, para que vean que el hecho de que sus papás no estén juntos no cambia que puedan disfrutar con cada uno por separado y crear buenos recuerdos. Finalmente Cristina le dice que es fundamental tener presente que la separación de los padres es un proceso que conlleva una crisis familiar y que requiere de tiempo para que cada miembro de la familia elabore la situación. Cada uno podrá tener distintos tiempos y formas de vivirlo. Pero sea cual sea el caso, es muy importante que los hijos sientan que tienen un espacio para hablar de lo que sienten y expresar sus emociones, las cuales son reconocidas y validadas y, por sobre todo, que el amor de sus papás hacia ellos es incondicional y que la separación no cambia en nada el afecto que les tienen. 
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